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Una intriga lingüística: Embassytown (La ciudad embajada)


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  •    Introducción.-


            Embassytown (2011) de China Miéville es la primera novela elegida para comenzar las reseñas de este año 2015. Se trata, sin lugar a dudas, de una de las mejores novelas de ciencia ficción publicadas en los últimos cinco años. Esto se puede comprobar rápidamente al ver los premios y nominaciones que ha venido cosechando. De hecho, ganó el premio Locus 2012 y el premio español Ignotus 2014 como mejor novela extranjera. También fue nominada como mejor novela para los premios Hugo y Nebula del 2012. Esto puede marcar un hito interesante para la ciencia ficción anglosajona que desde hace algún tiempo atrás se encuentra en crisis.
            Fue justamente el galardón otorgado por Ignotus lo que hizo que me animara a leerla. Ya la había visto varias veces en la librería Crisol pero no me terminaba convenciendo, en gran medida porque otra novela suya, “La estación de la calle Perdido”, aun aguarda en mis anaqueles para ser leída. Incluso, cuando intenté leer esa anterior novela de Miéville, lo que me desanimó fue su prosa demasiado recargada. Temía que algo parecido me sucediera con “Embassytown” o “La ciudad embajada”, en su versión en español.




  • El autor.-


            Hay que reconocer que China Miéville ha ganado mucho renombre en los últimos años. Se le califica como el máximo representante de la corriente literaria new weird, de la que debo reconocer no conozco mucho, aunque pareciera ser que se distingue por trasgredir las fronteras del terror, la ciencia ficción y la fantasía.
            Desde su primera novela publicada en 1998, ha venido cosechando diversos éxitos. Entre sus premios más destacados, ha ganado 4 veces el premio Locus, dos veces como mejor novela de fantasía con las novelas “The Scar” (2003) y “Iron Council” (2005), una vez como mejor novela juvenil con “Un Lun Dun” (2008), y una vez como mejor novela de ciencia ficción con “Embassytown” (2011). Asimismo, ha ganado el premio Hugo por “The City & The City” (2009) y ha recibido 3 nominaciones por “La estación de la calle Perdido” (2000), “The Scar” (2002) y “Iron Council” (2004). También ha ganado una vez el premio World Fantasy por “The City & The City” (2009) y ha obtenido otras cuatro nominaciones con “Iron Council” (2004), "Reports of Certain Events in London" (2004), “The Scar” (2002) y “La estación de la calle Perdido” (2000). Finalmente, ha obtenido tres nominaciones al premio Nebula, que todavía le resulta esquivo, por las novelas “La estación de la calle Perdido” (2000), “The City & The City” (2009) y “Embassytown” (2011).
            Con lo cual se puede afirmar con total contundencia que cada novela que publica genera un fuerte impacto dentro de la crítica de los géneros de ciencia ficción y fantasía. En gran medida esto se debe, según sus detractores, a sus complejas tramas y a la formación académica de su autor. No hay que olvidar que Miéville es antropólogo social de profesión y un activista político miembro del Partido Socialista de los Trabajadores del Reino Unido. Habría que analizar si estos conocimientos y experiencias políticas se ven aplicados en la conformación de sus historias. Por lo pronto, se sabe que Miéville siempre se ha mostrado disconforme con la fantasía tolkeniana, a la que considera muy conservadora.
            


  • La trama.-


            En cuanto a la trama de “Embassytown” (2011), la historia se centra en un solo personaje y en un solo lugar: Avice Benner Cho y La ciudad embajada. La ciudad embajada es una urbe diseñada por los terres -así se les llama a los seres humanos en la novela- que han conquistado el planeta Arieke y lo han incluido dentro de las colonias del imperio Bremen. No solo se trata de una ciudad cosmopolita habitada por distintas especies, sino también del centro político del planeta administrado por un grupo de terres que mantienen cierta autonomía con respecto del imperio al que pertenecen. Parte de su poder político radica en la capacidad de negociación que tienen con la población local del planeta, los ariekei, que son conocidos comúnmente como los Anfitriones, quienes no solo aceptan el yugo extraplanetario de manera casi inconsciente sino que también se encargan de comercializar con ellos importantes artículos tecnológicos que combinan robots con especies de seres vivos. Al punto, que la propia ciudad está construida con ese tipo de tecnología, por lo que resulta normal que las paredes de una casa tengan vida propia o que las armas puedan morir de inanición.
            Los ariekei son una especie de alienígenas bastante únicos en el universo, no solo por su apariencia bastante disímil a los seres humanos, una mezcla de un crustáceo con un insecto, sino también por la forma como se organizan y se comunican entre sí. El idioma de los ariekei es único, al punto que casi resulta imposible comunicarse con ellos, en gran medida porque para hablarlo se necesitan dos bocas que emitan sonidos a la vez y que utilicen una conciencia única. Para comunicarse con ellos, los terres tuvieron que criar varias parejas de clones que tuvieran una conexión mental avanzada que les permitiera imitar una conciencia única, para de tal manera poder comunicarse con los Anfitriones. Estas parejas de clones asumieron una identidad única y dual, a la vez, y conformaron el gobierno de La ciudad embajada con el cargo de Embajadores. Cada par de clones conformaba a un solo embajador sorprendentemente.
            De esa manera, estos embajadores eran los únicos capaces de negociar con los Anfitriones para obtener sus recursos tecnológicos y la comida necesaria para la subsistencia de la ciudad. Esto limitaba la capacidad del imperio Bremen para imponerse en el planeta, especialmente porque los intentos por comunicarse directamente con los ariekei habían fallado. Las máquinas, por ejemplo, que eran capaces de reproducir el idioma de los Anfitriones, no podían generar ningún tipo de diálogo puesto que ellos no las reconocían como interlocutores válidos al carecer de una conciencia. Se trata entonces de un idioma bastante peculiar y rudimentario, especialmente también porque los Anfitriones no podían mentir. Estaban lingüísticamente impedidos para ello ya que su lenguaje no había evolucionado lo suficiente como para desarrollar significaciones más complejas.
            Dentro de ese contexto aparece la figura de Avice, una mujer oriunda de La ciudad embajada y que desde niña, sin proponérselo, termina siendo vinculada a la sociedad de los ariekei, quienes la someten a una especie de ritual en donde su persona adquiere la connotación de símil lingüístico, por lo que sería conocida como “la niña a la que hicieron daño y comió lo que le dieron”. El uso de personas como símiles lingüísticos es un acontecimiento bastante raro para La ciudad embajada, especialmente porque los Anfitriones que viven dentro de la ciudad, no suelen tener contacto directo con otras especies, con excepción de los Embajadores. El uso de estos símiles parece estar restringido para un pequeño grupo de estos ariekei, que al parecer quieren traspasar los límites impuestos por su idioma.
            Avice se convierte con el paso de los años en una inmersora, es decir, una viajera espacial. En el universo creado por Miéville existen dos maneras para viajar a través de él, una de ellas y la más común es a través del inmer, una especie de corriente interespacial en la cual hay que sumergirse para viajar entre los distintos mundos. De tal forma, Avice se la pasa recorriendo el universo hasta que conoce a su tercer esposo, Scile, con quien decide volver a su ciudad natal dado el interés académico que siente Scile por el idioma de los Anfitriones, que considera único en el universo.
            Con el regreso de Avice y Scile a La ciudad embajada la trama comienza a desarrollarse a plenitud. Aunque esto es un tanto relativo por la forma como está siendo narrada la historia. Miéville está utilizando constantemente flashbacks para retroceder en el tiempo y explicar algunos de los temas pendientes dentro de la historia, que se va completando como si fuera un rompecabezas. Esto puede generar que la lectura se torne un poco lenta, como fue mi caso, pero no deja que sea carente de interés. Sin estos retrocesos en el tiempo no se podría comprender lo que viene después.
            Y lo que viene después es una intriga política de enormes proporciones que gira alrededor del idioma de los Anfitriones. La lingüística en ese sentido se convierte en un arma política, con la capacidad de determinar el desenlace de la contienda que comienza a desarrollarse entre los Embajadores, los representantes de Bremen y los ariekei. Especialmente porque un nuevo Embajador ha aparecido enviado por el imperio Bremen, un Embajador totalmente distinto a los demás puesto que no está conformado por clones sino por dos personas diferentes, que gozan por lo tanto de total autonomía. Esto acarreará problemas inconmensurables cuando su forma de hablar termine convirtiéndose en una droga para los ariekei, quienes prontamente se tornan en peligrosos e impredecibles adictos, que atentan contra la supervivencia de todas las especies que habitan en La ciudad embajada. Avice tendrá entonces que lidiar con una situación en la que prácticamente se ha dejado arrastrar.



  • Opinión (alerta de posibles spoilers).-


            Embassytown (2011), hay que decirlo primero, es una novela que no se digiere fácilmente. Su lectura es algo lenta, en gran medida por el juego de tiempos que hace el autor hasta la mitad del libro, donde va saltando constantemente del pasado al presente y viceversa. Aunque la narración mejora mucho cuando acaban estos flashbacks.
            En segundo lugar, el personaje principal de Avice Benner Cho es un personaje para el olvido. Carece de mayor simpatía y nunca llega a conectar del todo con el lector. De hecho, es un personaje que no asume las riendas de su destino hasta muy avanzada la novela, cuando recién comienza cobrar un real protagonismo. Lo llamativo de esto es que se trata de una propuesta deliberada de Miéville, quien va construyendo su historia pieza por pieza. Sinceramente, no estoy seguro que me termine de convencer este planteamiento narrativo.
            En tercer lugar, se encuentran poco desarrollados los personajes secundarios. Varios de ellos pasan desapercibidos y son meramente accesorios para la trama principal. De hecho, esto provoca que se convierta en una novela de un solo personaje, quitándole mayor interacción en ese sentido. Incluso, paradójicamente, a pesar de que la trama se ubica en una ciudad cosmopolita, en donde residen diversas especies alienígenas, la historia solo se centra en los ariekei y los humanos. Esto a mi parecer le resta mucho a la novela, puesto que pudo mostrar una mayor riqueza en la descripción de otras razas y culturas.
            En cuarto lugar, hay que reconocer que lo mejor de la novela es el esfuerzo del autor de dotar a su historia de un universo absolutamente novedoso, donde incluso la forma de viajar en el espacio se realiza de una manera absolutamente diferente de lo que usualmente se lee. Esto va de la mano con la trama que va construyendo en torno a una especie alienígena muy diferente a las descripciones a las que estamos acostumbrados, tanto en lo fisionómico como en cuanto a su organización social. Dentro de esa perspectiva, Miéville le da mucho peso al lenguaje que es planteado no solo como una herramienta de comunicación social sino también como una expresión del avance cultural de esa misma sociedad. En ese sentido, el lenguaje de los ariekei no es lo que les impide mentir sino mas bien es su grado de organización social lo que impide que los Anfitriones puedan desarrollar un tipo de lenguaje más complejo, en donde las palabras tengan mayores significados que los objetos que describen.
            En quinto lugar, habría que enfatizar en que el principal problema con la novela radica en la falta de explicación de muchos aspectos de este universo recreado por el autor. De hecho, nunca se explica adecuadamente la posición del imperio Bremen en este universo, menos la forma como el planeta de los ariekei termina siendo controlado por ellos, ni siquiera la manera cómo se organizan políticamente La ciudad embajada y la sociedad de los ariekei. Se sobreentiende que los Embajadores forman una especie de oligarquía pero no se sabe cómo es que se forma esta élite en el poder, ni cuántos la conforman. Por momentos pareciera ser infinita la cantidad de Embajadores, es decir, que estuviera más relacionada a la capacidad de “producción” de los mismos que a determinada cantidad previamente establecida con fines organizacionales.
            Lo peor es que tampoco se explica cómo es que el nuevo Embajador creado por el imperio Bremen genera ese efecto narcótico entre los ariekei. Se sabe que el hecho de que no tengan una conciencia única pero a la vez puedan hablar el idioma es lo que provoca esta reacción, pero más allá de esta afirmación no se sabe más, y obviamente es insuficiente para explicar el fenómeno. Queda menos claro cómo es que se terminan curando. Lo único que se señala es que cuando algunos ariekei empiezan a elaborar metáforas, es decir, a crear un lenguaje más complejo, inmediatamente dejan de estar bajo el efecto de esta especie de droga. Igual que antes, esta afirmación necesita una mayor explicación, que tampoco se encuentra dentro de la historia. Lo más evidente y curioso de este planteamiento lingüístico con respecto a los ariekei es que siendo una sociedad con un alto desarrollo tecnológico, al punto de combinar tejidos vivos con tecnología robótica, no hayan podido desarrollar antes un lenguaje mucho más complejo.
            Finalmente, en sexto lugar y a pesar de todo, no se trata de una mala novela. Al contrario, estoy de acuerdo con Sergio Mars en que se trata de una propuesta innovadora y ambiciosa en el campo de la ciencia ficción. Aunque, evidentemente, queden muchos vacíos dentro de la historia por rellenar. De hecho, se puede evidenciar que hay un claro intento de recrear una trama que vaya más allá de la temática aventurera, describiendo con ello sociedades alienígenas con cierto grado de complejidad. Aún falta más en ese camino, pero el derrotero queda trazado y eso es algo que espero más de Miéville en el futuro. Por lo pronto, es una lectura necesaria si se quiere conocer a uno de los mejores autores de ciencia ficción del momento.


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Magia y brujas: La orden de la Academia Spence


Estuve hace poco en la librería Crisol del Jockey Plaza y me encontré con una oferta que llamó mi atención. Se trataba de una trilogía de novelas con un nombre sugestivo: El círculo secreto. Los libros eran de pasta negra y venían en una caja de cartón muy simpática. No tenía idea sobre la obra ni la autora, Libba Bray. Aunque parecía que los libros tenían alguna relación con la magia.
            De hecho la historia del primer libro, La Orden de la Academia Spence (2003), está centrada en una chica dieciséis años que vive en la India con su familia y que tras la muerte de su madre es enviada a un internado en Inglaterra, a fines del s. XIX, en plena era victoriana. Esta muchacha se llama Gemma Doyle y tiene un carácter intrépido. Pronto Gemma va descubriendo que tiene ciertos poderes que le permiten comunicarse con un mundo mágico secreto. Junto con sus amigas del internado desentrañará los secretos de la magia que tiene a mano y los peligros que ella conlleva. El misterio de la muerte de su madre le será en su momento revelado y será la clave para comprender la verdadera magnitud del poder mágico.
            Esta primera novela de Libba Bray, cuyo nombre en inglés es A Great and Terrible Beuty, es de fácil lectura y bastante entretenida. Le agrega mucho interés a la trama el que esté situada en la época victoriana, sobre todo porque su manejo histórico parece bastante aceptable. La historia que se centra en un grupo de chicas adolescentes que se encuentran en un internado nos hace recordar mucho al mundo de Harry Potter, aunque hasta ahí llegan los parecidos. Parte de la trama está centrada en el descubrimiento sexual y amoroso de los personajes femeninos, los mismos que se enmarcan en una sociedad altamente conservadora y represiva, como lo fue la Inglaterra de la época victoriana. El problema con esto es el manejo que se le da a algunas escenas, muy cargadas de erotismo y similares a una clásica novela rosa. Aun así la autora consigue crear cierto ritmo narrativo que atrapa al lector rápidamente y lo sumerge en este mundo de misterio y magia.
            Recomiendo comprar esta trilogía a pesar de que no he leído los otros dos libros de la misma por un tema de precio. La trilogía cuesta en Crisol 54 soles, lo que me parece un precio estupendo para tres libros de bolsillo de tapa rústica. Espero que los otros dos libros sean igual de aceptables que este.


Nota: Ha sido un acierto en la edición en español cambiarle el nombre a esta novela. De lo contrario no hay forma que la hubiera comprado.
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La película: El hobbit, la desolación de Smaug

           


Ha pasado mucho tiempo desde que leí la novela de El hobbit (1937) escrita por Tolkien. Antes había leído su obra cumbre y quedé fascinado. Quería más y más de ese mundo maravilloso recreado por este genial autor. Recuerdo que El hobbit (1937) cumplió con mis expectativas y me permitió conocer más la historia de la Tierra Media, poblada por enanos, elfos, orcos y, como no, hobbits. Por eso, cuando me enteré que también iban a convertir esta obra literaria al cine, mis expectativas fueron enormes. Después de la ÉPICA trilogía cinematográfica de El señor de los anillos –con mayúsculas más que merecidas- no podía esperar menos.
            Recuerdo hace un año atrás estar en el cine, entre maravillado y cariacontecido, viendo que la película de El hobbit ya llevaba más de dos horas y no daba señales de llegar al nudo final de la historia. La trama se había alargado tanto que me estaba pareciendo un tanto aburrida, debo admitir. Hasta que de pronto apareció el tan esperado dragón, mostrando un solo ojo, y luego, primero de a pocos y después a raudales, empezaron a llover los subtítulos en la pantalla. Me quedé helado. Mi sorpresa fue en aumento cuando me enteré que no se trataba de una sola continuación sino de otra trilogía. TRES, TRES, tres… películas para una sola novela, me repetía mentalmente incrédulo.
            Luego de ver la segunda entrega de esta trilogía puedo aseverar que no se trata de una película para aficionados a la novela. Hay que destacar que lo mejor del film es su fotografía, con escenas espectaculares y soberbias que nos permiten gozar del espectáculo que significa la Tierra Media, donde destacan, por ejemplo, el momento en que Bilbo sube a la copa de uno de los gigantescos árboles del Bosque Negro y se queda perplejo frente a la luminosidad y extraña belleza que representan las copas de los árboles iridiscentes. O también aquella escena que recrea desde una vista aérea la extraña y sombría majestuosidad de la Ciudad del Lago. Lo que nos permite adentrarnos en ese mundo fantástico creado por Tolkien.
            Sin embargo, la historia no es para nada fiel a la original. Sergio Mars en una reseña describe muy bien varias de estas falencias en la trama misma de la película, que evidentemente la alejan de la novela. Y para mí esto no es necesariamente negativo, si es que los cambios ayudan a que la película cobre sentido e intensidad. La creación de la elfa Tauriel y su presunto romance con un enano va por ese buen camino. Tauriel podría representar un grado de complejidad mayor en la trama en la medida en que nos muestre las marcadas diferencias sociales que existen dentro de la sociedad élfica, así como las distancias entre las distintas razas, aunque ahora desde un plano mucho más personal, íntimo, puesto que abre la puerta a una relación amorosa entre un elfo y un enano. Dos razas que tradicionalmente se odian entre sí. Pero esto se queda en el plano de las posibilidades, puesto que la relación entre la elfa y el enano queda limitada a lo meramente anecdótico: unas miradas, una conversación breve e intrascendental –poco más y se ponían a hablar del clima- y un rescate, cuando la elfa le salva la vida al enano. No se explota para nada a este personaje y a las situaciones que puede acarrear consigo. La existencia de Tauriel es solo para darle mayor emoción a una historia que se va desdibujando por momentos.
            El final de la película es malísimo. No es un final para ser totalmente honestos. Es un corte abrupto y totalmente arbitrario. Es la superposición simbólica del mercado frente al arte. Un escupitajo al cielo. Un sinsentido. Y no es el único momento. Los personajes, con excepción de Bilbo, no están claramente definidos más allá del estereotipo. La historia parece escrita por un esquizofrénico que por momentos quiere ser fiel a la narración original y en otros momentos es todo lo contrario. Esto genera que determinadas escenas de la novela pierdan todo sentido en la película, como la del encuentro con Beorn que no aporta en nada a la historia y bien pudo ser suprimida. O la escena que transcurre dentro del Bosque Negro donde el temor radica en la presencia de las arañas y no en el opresivo y maligno Bosque Negro, como es presentado en el libro.
En resumen, queda poco del libro en esta segunda entrega y, también, está muy lejos de ser una película, más parece un video largo extraído de YouTube que está incompleto y cuya parte final está en otro link. Un video entretenido por momentos, es verdad, pero nada más.
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La película: El juego de Ender (2013)

         

       Existe una sola palabra para describir esta película: soponcio. En sus dos acepciones. Es que cuando uno espera verla –sobre todo tras leer la novela en la que está basada- imagina que se va a encontrar con un largometraje que va a explotar la acción de la trama y la carga emotiva y psicológica que el personaje principal lleva consigo durante el desarrollo de la historia. Pero la realidad fílmica es otra. Solo nos queda al frente una película en estado de negación continuo. Es decir, una película que no quiere ser película, sino un libro.
Uno de los problemas de adaptar libros al cine es que se pierda, en el transcurso del proceso, la esencia de la historia primigenia. Lamentablemente, una de las mejores maneras para lograr esto es pretender que en el limitado tiempo que dura una película entre toda la trama desarrollada a lo largo de una novela. ¡Por algo son dos géneros distintos! Salvo la adaptación de El señor de los anillos, no he encontrado buenas adaptaciones de libros en el cine que no terminen transformando  -de algún modo- la trama de una historia, para que el film cobre vida y fuerza propios.
En El juego de Ender esto no sucede así, a pesar que sí existen ciertas modificaciones en la historia original. No olvidemos que lo que sucede con los dos hermanos de Ender en la novela es obviado completamente en la película. Hubiera sido mejor que la historia se centre en Ender y en su proceso de crecimiento personal y militar en las distintas escuelas de combate en las que tiene que ser entrenado. De tal manera que se pueda aprovechar la acción que le da a la trama los juegos de combate que Ender va a desarrollar junto con sus demás compañeros. Con ello también se habría profundizado en la psicología del resto de los niños, especialmente de aquellos que lo van a acompañar a su “aventura” final. Dejando de lado toda referencia familiar de Ender, que en la trama de la película resulta finalmente innecesaria.
De tal manera que el resultado final es una película que va saltando etapas de una forma un tanto abrupta, con personajes poco o mal desarrollados, e incluso, casi invisibilizados. Es probable que si no se tiene en mente la historia original del libro, la película sea un tanto sosa y con poco sentido.
Dicho esto, ya no me molesta tanto que no la hayan estrenado en el Perú. Especialmente porque el final del film es tan malo como el del libro.

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Hallazgo: La primera ley de Joe Abercrombie


Nuevamente Wong no vuelve a decepcionarme. Cada vez que entro con la idea de mirar su stand de libros vuelvo con una adquisición nueva. En este caso se trata de una saga que he leído hace un tiempo atrás. Aunque todavía no la he leído completa. La saga se compone de los libros siguientes:  La voz de las espadas (2006), Antes de que los cuelguen (2007) y El último argumento de los reyes (2008).

La historia escrita por Joe Abercrombie se centra en distintos personajes que intentan salvar un reino acosado por un sinfín de dificultades.  La guerra lo debilita y las conspiraciones internas lo hacen tambalear. Se trata de un reino donde se encuentra presente la magia y seres extraordinarios.

El autor logra con su obra una historia amena que rompe con los cánones del género al presentarnos personajes atípicos, que escapan de los estereotipos clásicos.  Tanto así que el héroe principal bien podría ser un sujeto deforme especializado en torturar a sus víctimas o un mago ambicioso e inescrupuloso que se esconde en supuestos objetivos altruistas para esconder su propia vanidad. Y tenemos a tres personajes más que bien podrían ser los personajes medulares de la obra.

En resumen,  se trata de la trilogía  que acabo de comprar y conseguir en este supermercado.  Es un lujo comprar estos libros a tan sólo cuarenta soles cada uno en nuestro país.
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Nuevos hallazgos: superhéroes y dragones


Si bien es cierto he estado alejado de mi blog por varias semanas, no he estado desconectado de mis temas favoritos: la ciencia ficción y la fantasía. En este tiempo encontré varios libros que llamaron mi atención inmediatamente. Leí uno de ellos, una novela de fantasía que encontré en una feria de libros de la universidad donde trabajo hace un par de meses atrás. También leí el primer número de la mejor revista literaria enfocada en estos temas en nuestro idioma. 

Eón: el despertar del ojo de dragón (2008), de la novelista australiana Alison Goodman fue un buen hallazgo, sumamente inesperado. Se trata de una novela fantástica ambientada en una sociedad parecida a la china imperial. De narración fluida y trama entretenida, se trata de una novela que cumple con creces las expectativas que uno puede tener ante una novela etiquetada como juvenil. En dos días espero subir al blog la reseña de esta interesante obra. 

Aparte de este libro, encontré en las librerías del supermercado Wong cercano a mi casa un pequeño tesoro. Se trata de una novela de mi autor favorito, Tad Williams. Para ser más exactos, se trata de la novela que escribió Tad junto con su esposa Deborah Beale: Dragones de granja (2009). Se dice que es la primera de una saga de cinco novelas, la segunda ya ha sido publicada el 2011. En la contraportada del libro se puede leer lo siguiente:


Tyler y Lucinda se ven obligados a pasar las vacaciones de verano con su tío lejano Gideon, un granjero. Creen que se van a pasar seis semanas rodeados de vacas, ovejas, caballos y cerdos, pero cuando llegan al desierto Valle Estándar, en California, descubren que Granja Corriente no es, para nada, una granja cualquiera. Los lamentos procedentes de los establos no son de una vaca, sino de un dragón. ¿Los truenos que se oyen en el valle? Son los unicornios.”

Sin haber leído esta novela, recomiendo que la busquen y la compren sin dudarlo. Tad Williams es un autor ampliamente creativo, con una gran capacidad narrativa y, lamentablemente, poco difundido. Encontrar novelas suyas en nuestro país es sumamente raro y valioso para los fanáticos de este género literario.

La otra novela que encontré, esta vez en la librería Zeta Bookstore, fue la antología de cuentos de George R.R. Martin, Wild Cards: el comienzo (1987). Se trata de un conjunto de historias que giran en torno a humanos que han sido alterados por un virus alienígena que es esparcido por Estados Unidos a mediados del siglo pasado. Este virus provoca alteraciones físicas y otorga poderes aleatorios a las personas que han sido afectados. Evidentemente esto genera un conjunto de situaciones que nos recuerda a las historias de los superhéroes y villanos. Por algo se le compara mucho con una obra similar desarrollada en esos mismos años: Watchmen (1986). En la actualidad estos relatos han generado una saga inmensa que ya tiene más de 20 libros.

En esta primera novela de la saga, que en la edición en español se trata de una versión ampliada basada en una reedición inglesa del 2010, se encuentran a 18 autores en total. Algunos de ellos renombrados, como el propio George R.R. Martin, y otros un tanto desconocidos. Prometo leer esta antología con ansias lo más pronto posible. Mientras tanto, les recomiendo que escojan uno de estos libros y comiencen su propia aventura. Me gustaría también leer sus comentarios.

Anexos:

Aquí pueden encontrar dos páginas webs donde hallar más información sobre Wild Cards. Una es la página web oficial de la saga y la otra una nota periodística bastante informativa sobre la primera publicación en castellano.
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Un supermercado fantástico: Wong y sus libros de fantasía y ciencia ficción



Hace poco más de una semana me fui de compras por Wong y me di con la sorpresa de encontrar, en su sección de libros, dos sagas de fantasía que usualmente no llegan por estas tierras. Además ambas sagas tenían precios bastante asequibles, por lo que no dudé en comprarlas, pese a mi auto prohibición de no comprar más libros este mes. En fin, esto suele ocurrirme muy a menudo con los libros.

Debo admitir que el supermercado Wong de La Molina hace tiempo viene sorprendiéndome con este tipo de libros. Al parecer, los chicos de la distribuidora VSD están colocando sus libros en sus locales, nutriendo con ello sus estanterías de libros de fantasía y ciencia ficción. Esto me parece realmente estupendo sobre todo por la escasez que existe de libros de este género en nuestro país. 

La primera saga de las dos que compré me costó poco más de cincuenta soles y consta de tres libros. Se trata la trilogía de Margaret Weis y Tracy Hickman: La guerra de los espíritus (2000-2002). Esta trilogía está ambientada en el mundo de la dragonlance, un mundo fantástico creado para ambientar un juego de rol y que hasta la fecha ha producido una gigantesca cantidad de novelas que llega casi a las 200. Aunque la producción literaria de este mundo fantástico suele ser mal vista por algunos críticos, pocos pueden dudar que Weis y Hickman son dos narradores habilidosos, capaces de entretener a sus lectores y generar, por tanto, miles de adeptos. Habrá que leer esta saga para ver qué opinión me merece.

La otra saga corresponde a R. A. Salvatore y se titula La guerra de la reina araña.  En realidad se trata de las últimas tres novelas de esta larga saga que consta de seis volúmenes. La misma que continúa dentro del marco del mundo de los Reinos Olvidados, que también es un mundo fantástico creado principalmente para los juegos de rol. Su precio era tan solo de 42 soles por los tres libros. Una ganga a mi parecer.

Ya les iré contando cómo me ha ido al adentrarme en estas lecturas, pero desde ya les recomiendo buscar estos libros y leerlos por su propia cuenta y riesgo. Tengan cuidado. Les puede gustar.